28/5/18

ORIGEN DEL CRISTIANISMO (II)


El cristianismo, se debió propagar en gran parte como la religión de Mitra, cuyos principales propagadores fueron los soldados, lo que explica que los documentos de su culto, generalmente se hallen en el limes o frontera romana.

El eje de cristianismo León-Astorga-Mérida es precisamente el mismo sobre el que se documentan los testimonios del culto a Ma-Belona, traído por los soldados durante la conquista. Añadir que soldados de la Legio III Augusta, cuyo campamento de Lambaesis fue establecido bajo Adriano y que fue el que debió utilizar allí el destacamento de la Legio VII Gemina, murieron en Hispania en Mérida (CIL II, 484), Tarragona (CIL II, 4219), Setúbal (CIL II, 5184), El Coronil (CIL II, 1371), etc.

Si se observa la distribución de las primitivas comunidades cristianas en la Península se observa que ellas se encuentran en ciudades donde está bien atestiguada la presencia africana, aunque no en todas las ciudades donde se documenta esta presencia hay comunidades cristianas. Recientemente D. Julia ha estudiado la distribución de los monumentos funerarios en forma de cupae, tipo de enterramiento frecuente en Lusitania, Alentejo, Algarve y Extremadura; más concretamente en los alrededores de Lisboa (56 ejemplares), Alcácer do Sal, Alcaçovas, Mexilhoeira Grande, Olhâo, Mértola, Beja (30), Évora, Viana do Alemtejo, Mérida (2); en el Sur de la Bética: Belo, Cádiz; en la Tarraconensis: 27 en Barcelona y 4 en Tarragona. La fecha de estos monumentos es el siglo II y III. También se han hallado 2 ejemplares en León, 2 en Palencia y uno en Alcalá de Henares. El origen de estos monumentos se sitúa hoy en Mauritania, Numidia y África Proconsular. El ejemplar de Belo, por ejemplo, es gemelo a los de Henchir-Zoura y Tipasa; a prototipos africanos obedecen también varios ejemplares de Tarragona, Barcelona y Mérida.

Junto a este elemento militar que desempeña un papel importante en la propagación del cristianismo en Hispania, al igual que lo había desempeñado en la romanización, desde África, se documentan los mercaderes cristianos. África mantenía relaciones comerciales intensas con Hispania, según el Edictum de pretiis de Afrodisias (1, 58).

El Breviario de la Diócesis de Barcelona, recogiendo tradiciones antiguas, describe a San Cucufate (San Cugat) “natione afer, nobilibus et christianis parentibus in scilitana natus” navegando desde África a Barcelona; la ciudad donde nació es precisamente la localidad de la que se conocen las Actas más antiguas de mártires en África, muertos en el 180. De África viene San Félix, que predicó en Barcelona, Ampurias y Gerona; el códice de Moissac le describe camuflado de mercader “cum se negotiatorem rerum uenalium, simularet”. Según las Actas del martirio de San Adón, San Félix era también oriundo de la ciudad de Scillis. Estos santos son también de la época de Diocleciano.
Por las ciudades: Barcelona, Gerona, Zaragoza, Valencia, Calahorra, León, Mérida, Sevilla, Alcalá de Henares, Córdoba y Toledo, de donde proceden los mártires de la persecución, se deduce que el cristianismo había hecho pocos progresos y proceden en su casi totalidad de ciudades de la costa o situadas en las proximidades de los grandes ríos.
La propagación del cristianismo en Hispania con respecto a África se encontraba muy retrasada a finales del siglo III.

Continuará...

21/5/18

ORIGEN DEL CRISTIANISMO (I)

Expansión cristiana desde 200 a 600 d.C.

El testimonio más antiguo de la existencia de cristianos en la Península Ibérica procede de Tertuliano y data hacia el año 200; en él este escritor africano afirma que el cristianismo se encuentra ya extendido por todos los límites del mundo conocido.

El testimonio de San Ireneo de Lyon fechado hacia el año 180, quizás se refiera al cristianismo entre los íberos del Ponto y no entre los íberos hispanos, ya que J. Colin propuso la tesis que Eusebio (HE 5, 1) hizo de Ireneo un obispo de Lyon en la Galia, colocando en esta ciudad, en el año 177, el martirio de los mártires Potino, Santo, Attalo y Blandino. El escritor eclesiástico había confundido la Galia de Occidente con la Galia de Asia Menor. Lyon, llamada Colonia Claudia, con Neoclaudiopolis, y Vienne, Colonia Augusta, con Heracleopolis-Sebastopolis.
San Ireneo sería obispo de Neoclaudiopolis, en el Ponto de Galatia; la problemática de sus escritos quedaría mejor explicada así, y la persecución se debería a un conocido perseguidor del cristianismo: Arrius Antoninus.

M. Díaz Díaz se inclina a aceptar la probabilidad de que el fundamento de la apelación de estas comunidades hispanas a Cartago, o más bien al "conjunto de iglesias africanas, cuyo principal exponente es a la sazón Cartago, sea el que estas iglesias hayan jugado un papel definitivo en la expansión del cristianismo hispánico". Cree que las iglesias hispanas acuden a África porque proceden de allí; en cambio, para nosotros, los obispos libeláticos se dirigen a Roma, no porque esta sede tenga ninguna autoridad sobre ellos, pues en la primitiva iglesia todas las iglesias son independientes, sino porque Roma tradicionalmente era de una mayor tolerancia, como lo indican las acusaciones de San Hipólito contra el Papa San Calixto (217-22), a quien le echa en cara el perdonar los pecados de la carne, el admitir obispos, sacerdotes y diáconos casados dos o tres veces, el permitir el matrimonio de los sacerdotes y el tolerar el aborto.

Tertuliano, en su tratado “De poenitencia”, ataca violentamente las disposiciones de San Calixto de conceder la penitencia a todas las faltas sin excepción. Es muy importante recordar que en el año 251 el Papa Cornelio reúne en Roma un concilio que condena a Novaciano, quien había expuesto su posición precisamente sobre los “lapsi”, considerando que no se debía conceder ninguna reconciliación.

Las zonas donde se documentan comunidades cristianas en el año 254, Astorga-León, Mérida y Zaragoza, son precisamente las relacionadas con la legión: León-Astorga, donde acampaba la legión; Mérida, la capital de Lusitania en íntima relación con las dos ciudades citadas, unidas por la "Calzada de la Plata", y Zaragoza, punto importante del “limes” contra los vascones.

Entre los primeros mártires hispanos abunda el elemento militar. Recordar a San Marcelo, centurión de la Legio VII Gemina, natural de Tánger, y Emeterio y Celedonio, soldados de la Legio VII en Calahorra, ciudad por donde debía pasar el limes contra vascones y que explica la presencia de estos soldados en la ciudad. Varios militares se mencionan en las Actas de San Fructuoso.

Continuará...

21/4/18

HOMBRE DE LA BRAÑA (LEÓN)


El yacimiento de La Braña Arintero en León (España), fue descubierto de forma casual en 2.006 y excavado por el arqueólogo de la Junta de Castilla y León Julio Manuel Vidal Encinas. 
La cueva, localizada en una zona fría y montañosa, con una temperatura estable, y a 1.500 metros por debajo del nivel del mar, propició la “excepcional” conservación del ADN de dos individuos descubiertos en su interior, denominados La Braña 1 y La Braña 2.

La Braña 1, hace ya 7.000 años, tenía la piel oscura, intolerancia a la lactosa, los ojos azules y era un experto cazador-recolector del Mesolítico, que vivió en lo que hoy es la provincia de León.
Su genoma, entre los más antiguos de cuantos se han recuperado hasta ahora de la Prehistoria, ha sido secuenciado por un equipo de investigadores dirigido por Carlos Lalueza-Fox del CSIC, en colaboración con el Centre for GeoGenetics de Dinamarca.
La Braña 1 es el primer genoma de un cazador-recolector europeo que la ciencia es capaz de rescatar. Y ha revelado un buen número de datos sobre un hombre en el que se mezclaban los rasgos de las poblaciones del norte y del sur de Europa.

El mesolítico es un periodo que abarca desde hace 10.000 años hasta hace 5.000, momento en que comenzó el neolítico, con sus cambios de costumbres y dieta debidos a la llegada de la agricultura y la ganadería desde el Próximo Oriente.

Con el neolítico, llegaron los carbohidratos y también toda una serie de patógenos transmitidos por los rebaños y otros animales domesticados. Eso supuso todo un desafío para el metabolismo y el sistema inmune de nuestros antepasados, que tuvieron que adaptar sus organismos a la nueva situación. Por supuesto, dicha adaptación quedó plasmada en los genes.
Entre las varias adaptaciones se encuentra, por ejemplo, la capacidad de digerir la lactosa, algo que nuestros antepasados, incluido el individuo de La Braña, no podían hacer.
Sin embargo, la mayor sorpresa fue descubrir que este individuo poseía las versiones africanas en los genes que conforman la pigmentación clara de los europeos actuales, lo que indica que tenía la piel oscura, aunque no podemos saber el tono exacto.

Todavía más sorprendente fue descubrir que poseía las variantes genéticas que producen los ojos azules en los europeos actuales, lo que resulta en un fenotipo único en un genoma que por otra parte es inequívocamente norte europeo. De hecho, el genoma sugiere que las poblaciones actuales más cercanas a La Braña 1 son precisamente, las del norte de Europa, como Suecia y Finlandia.

Además, el trabajo señala que este hombre de hace 7.000 años tiene un ancestro común con los pobladores del yacimiento del Paleolítico superior Malta, ubicado en el lago Baikal (Siberia), cuyo genoma fue recuperado hace unos meses. Estos datos indican que existe continuidad genética en las poblaciones del centro y del oeste de Euroasia -afirma Lalueza-Fox-. De hecho, estos datos coinciden con los restos arqueológicos, ya que en distintas excavaciones de Europa y Rusia, incluido el yacimiento de Malta, se han recuperado figuras antropomórficas, las llamadas Venus paleolíticas muy similares entre sí.

Según señala Iñigo Olalde, primer firmante del estudio, la intención del equipo es intentar recuperar el genoma del individuo de La Braña 2, que está peor conservado, para seguir obteniendo información sobre las características genéticas de estos primeros europeos.

Fuentes: csic - Diario de León

15/4/18

EVOLUCIÓN TERRESTRE (V)

Evolución y Azar son conceptos virtualmente sinónimos, y quizá LeGros Clark (igual que otros) había comenzado a darse cuenta de que la convergencia favorecía el desarrollo por ley y no por azar.
Está muy claro que esta convicción impulsó a Leo Berg a escribir su estudio clásico sobre la convergencia y a darle un título más preciso: “Nomogénesis: Evolución determinada por ley”.
Naturalmente, la idea de que pudiera haber alguna ley gobernando el desarrollo de las formas vivas a través de las edades no debería generar más temor que el concepto de ley en física. Pero los acontecimientos físicos del pasado no han evidenciado ningún progreso de simple a complejo, de inferior a superior, de mayor dependencia del medio ambiente a una menor dependencia del mismo, de carencia de un propósito consciente a un grado muy elevado de propósito, etc., al modo de los seres vivientes.
En este sentido hay una dirección del desarrollo de la vida que no es evidente en el mero orden físico. Y la idea de “dirección” en conformidad a una “ley”, y en una magnitud significativa en contra de la regla por otra parte universal de “degeneración” (entropía) suscita inevitablemente el espectro del propósito. Y un propósito implica a Alguien que lo tiene. Aquí es donde está el quid de la cuestión.

Berg vio que la convergencia era tan predominante que pudo escribir sin vacilación alguna:
«La convergencia, y no la divergencia, es la regla, no la excepción. Esto parece ser predominante, tanto entre las plantas como entre los animales, presentes, recientes y extintos.»
Y en la última reimpresión de su obra le encontramos diciendo:
«A partir de los ejemplos expuestos en esta sección, es evidente que la convergencia afecta a los órganos más importantes y fundamentales para la existencia, y no meramente a los rasgos externos».
«A partir de los numerosos ejemplos que se han ofrecido en este capítulo, y su número se podría multiplicar fácilmente, hemos demostrado que la convergencia afecta a los órganos más fundamentales en los animales y en las plantas, que el fenómeno está ampliamente difundido, y que los puntos de semejanza que se han atribuido a la descendencia común se deben con frecuencia a la convergencia.»

Aunque la convergencia es una doctrina demasiado peligrosa para que pueda recibir demasiado énfasis, está sin embargo admitida con bastante extensión. G. Simpson estuvo dispuesto a admitir:
“En la convergencia se da la misma clase de desarrollo oportunista de un estilo de vida por parte de grupos diferentes, tratándose en este caso de grupos disimilares (o menos similares) en tipo adaptativo. La tendencia hacia una mayor semejanza de adaptación involucra características funcionales y estructurales convergentes. Los grupos pueden estar casi relacionados o puede que estén relacionados solo muy de lejos. Los insectos y las aves están tan distantemente relacionados que apenas si puede seguirse ninguna homología determinada entre sus partes, y sin embargo convergen a veces de manera muy estrecha”.

Fuente: La Convergencia y el origen del hombre por Arthur C. Custance.

28/3/18

EVOLUCIÓN TERRESTRE (IV)


Sir Wildfrid, en su contribución al coro darwinista en las publicaciones que aparecieron con motivo del Centenario de Darwin (1.958), escribió:
«Se debería hacer referencia a los fenómenos evolutivos de la convergencia y del paralelismo, porque es bien sabido que dichos fenómenos pueden llevar a semejanzas estructurales que, si se toman por sí mismas, pueden conducir a error. El término “convergencia” se aplica a la tendencia ocasional de que tipos relacionados distantes se
simulen entre sí respecto a proporciones generales o en el desarrollo de adaptaciones análogas como respuesta a unas necesidades funcionales similares.»

¿Qué sucedió durante estos aproximadamente 25 años para que los fenómenos a gran escala de los que Clark decía que “ya no deben considerarse como una curiosidad incidental” se hayan convertido en una “tendencia ocasional”?. Quizá se había hecho crecientemente claro durante los años transcurridos que la admisión de la realidad de la convergencia a gran escala era sumamente contradictoria respecto a muchos de los árboles genealógicos comúnmente exhibidos y que pretendían exponer una descendencia evolutiva lineal basándose puramente en la morfología.

Tan crucial es la morfología que el antropólogo Franz Weidenreich formuló el siguiente principio:
«Al proceder a la determinación del carácter de una forma fósil determinada y de su puesto especial en la línea de la evolución humana, solo se deberían tener en cuenta sus rasgos morfológicos como base decisoria, ni la situación del emplazamiento de donde fue recuperado, ni la naturaleza geológica del yacimiento en el que estaba sepultado tienen importancia.»
Pero, ¿qué valor tiene esta exigencia de que se ignore la evidencia geológica y que solo se considere la apariencia física?
A la luz de la posibilidad de que la estructura sea enteramente resultado de circunstancias ambientales o históricas y que no tenga nada que ver con la edad geológica, el argumento carece de toda validez.

Sir Solly Zuckerman, aunque era un evolucionista plenamente convencido, admitió abiertamente lo siguiente:
«Diversas pautas genéticas pueden tener idénticos efectos fenotípicos (de modo que) cuando tratamos con material fósil limitado o relativamente limitado, la correspondencia en rasgos morfológicos simples o en grupos de caracteres no implica necesariamente identidad y relación filética.»

Por la frase “diversas pautas genéticas”, Zuckerman se está refiriendo al hecho bien reconocido de que donde las circunstancias demandan que un animal esté equipado con algún órgano particular (por ejemplo, una clase especial de ojo), que se dará la tendencia a que aparezca este órgano aunque el animal no comparta un conjunto genético que sea responsable del mismo órgano en alguna otra especie. Así, los conjuntos o pautas de genes que difieren pueden sin embargo llevar a la producción de estructuras similares en animales no relacionados.

Wood Jones argumentó que había alguna especie de «fuerza vital» en la naturaleza que tenía como resultado el surgimiento de toda clase de estructuras especializadas en
animales que capacitaban a sus poseedores a afrontar las exigencias particulares de sus vidas. Estas estructuras, según era su convicción, podían aparecer “de la nada”, por así decirlo, en cierta manera misteriosa la Naturaleza sabe a donde va.
Al igual que Leo Berg y Sir Alister Hardy, Jones también estaba persuadido de que había poco o ningún elemento de azar en este fenómeno. En sus palabras:
«Desde la aceptación de la teoría de la Evolución propuesta por Darwin se han realizado muchos intentos, por parte de distinguidos biólogos (como Gaskill y Patten), para demostrar que los invertebrados realmente “evolucionaron” transformándose en vertebrados; pero toda la evidencia disponible deja muy claro que los dos grandes filums surgieron independientemente el uno del otro..»

Cuando los propagandistas dogmáticos de la teoría darwinista de la evolución le dijeron al gran público que algo tan complejo como un ojo había llegado a la existencia gracias a una vaga fuerza conocida como Selección Natural que había actuado sobre pequeños cambios estructurales producidos al azar, su credulidad fue llevada al extremo.
Es posible que la fe del público se hubiera derrumbado por completo si les hubieran pedido que creyesen que este proceso mecanicista al azar había producido el ojo de los vertebrados y el de los invertebrados de modo independiente en ambos casos, y más que esto, que había permitido que los invertebrados adquiriesen al menos tres clases diferentes de ojos de modo independiente, dentro de los límites de su propio filum (los ojos de foco simple, bifocal, y compuesto). No solo los ojos, sino los oídos, corazones y las branquias, y todo lo demás, se han desarrollado dos veces de forma completamente independiente en los dos grandes filums.

Continuará...

19/3/18

EVOLUCIÓN TERRESTRE (III)


Según Simpson, fundador de la teoría sintética, la radiación adaptativa es el patrón principal de la macro-evolución. Es la diversificación repentina de un grupo de organismos que comparten un antecesor común, cuya aparición es generalmente muy próxima al momento de la radiación. En muchos casos, este tipo de evolución está asociada al éxito de un grupo que posee una nueva característica denominada "característica clave", la cual posibilita la invasión de un nuevo hábitat.
En una de sus obras, G. G. Simpson, encontró necesario asegurar a sus lectores que la evolución es cierta; más aún, que es incuestionable, en This View of Life, lo repite varias veces.

Hace algunos años, Ralph Gerard hizo esta significativa declaración, que es particularmente apropiada en el presente contexto:
«Cuando nos encontramos que mantenemos una opinión que la base en que se fundamenta suscita una especie de sentimiento de que indagar acerca la misma sería absurdo, evidentemente innecesario, improductivo, malo o incluso perverso, podemos considerar que se trata de una opinión no racional, y por ello probablemente fundada sobre evidencias inadecuadas.»

Wilson Wallis escribía con tono de decepción:
«Desde los tiempos de Darwin, la idea evolucionista ha predominado las ambiciones y ha determinado los hallazgos de los antropólogos físicos, a veces para detrimento de la verdad.»
Y no cabe duda alguna acerca de que el célebre fraude de Piltdown nunca hubiera podido tener el gran éxito que tuvo excepto por el hecho de que se proporcionó a los expertos precisamente lo que algunos de ellos creían que necesitaban.
El Hombre de Piltdown era precisamente lo que los académicos habían reclamado. V. F. Calverton, en su introducción a The Making of Man, escribió:
«La simultaneidad misma con la que Darwin y Wallace dieron con la teoría de la Selección Natural y la supervivencia de los más aptos es una prueba manifiesta de la intensa actividad de esta idea en aquel tiempo. Todas las fuerzas en el ambiente económico y social jugaron su papel en el triunfo de esta doctrina.»
En este mismo sentido se manifiesta A. K. Kroeber:
«Es evidente que hubo una determinada concatenación histórica en el pensamiento del mundo que posibilitó que el descubrimiento de Darwin desencadenara unas consecuencias de tal magnitud.»
Como protesta contra este consenso de aprobación de una teoría que estaba sorprendentemente adaptada al Zeitgeist (como lo han observado muchos historiadores, entre ellos algunos recientes), varias mentes independientes emprendieron una reevaluación de la evidencia.

El príncipe Kropotkin reexaminó la comunidad de vida salvaje para ver si realmente había una “lucha por la existencia” y si solo los más aptos prevalecían.
Descubrió en la Naturaleza una dinámica muy diferente, y expuso sus descubrimientos en su obra Mutual Aid. Hasta tiempos relativamente recientes este libro estuvo inaccesible. Pero el clima de opinión parece estar cambiando, y existe ahora una nueva demanda que ha justificado su reimpresión.

De manera similar, en 1.922 Leo Berg escribió su voluminosa y erudita Nomogénesis como protesta contra el interés desmesurado por la morfología con exclusión de la función. En la actualidad quizá hubiera titulado su obra Convergencia, porque es de esto de lo que trata. Esta obra también se ha vuelto a publicar, y, cosa sorprendente, de mano del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Poco después de que apareciera la primera edición, en 1.935 Sir Wilfrid LeGros Clark estaba dispuesto a admitir:
«En la evaluación de las afinidades genéticas, las diferencias anatómicas son más importantes como evidencia negativa que las semejanzas anatómicas lo son como evidencia positiva. Se hace evidente que si esta tesis se lleva a su conclusión lógica, será necesario demandar un ámbito mucho más amplio para los fenómenos del paralelismo o de la convergencia en evolución de lo que los evolucionistas han concedido en general. La realidad es que las minuciosas y detalladas investigaciones que han realizado anatomistas comparativos en años recientes han puesto de relieve que los paralelismos en el desarrollo ha tenido lugar a gran escala y que ya no deben considerarse como una curiosidad incidental que haya tenido lugar de forma esporádica en el curso de la evolución. Lo cierto es que apenas si es posible para los no anatomistas comparativos darse cuenta de lo fundamental del papel que este fenómeno ha tenido en el proceso evolutivo».

Continuará...

14/3/18

EVOLUCIÓN TERRESTRE (II)



La convergencia es un fenómeno natural que según algunas de las autoridades más prestigiosas se dá en todos los seres vivientes, plantas o animales. Es exactamente lo contrario a la divergencia, que en realidad es otro nombre para la evolución.

Por convergencia se significa la tendencia que se observa en formas vivas no relacionadas filogenéticamente entre sí a responder a similares contingencias de la vida desarrollando estructuras semejantes. Estas estructuras incluyen no solo rasgos del esqueleto mismo sino órganos internos, órganos de los sentidos, fluidos corporales, incluso (al menos en las aves) rasgos como llamadas, coloración y hábitos de construcción de nidos. Es como si hubiera en la naturaleza algún mecanismo intrínseco por el que cualquier animal o planta, al hacer frente a un problema que se deba resolver a fin de sobrevivir, pueda desarrollar una estructura que resuelva el problema de la forma más económica y eficiente.

Pero podemos ir más allá de esto y decir que estas soluciones exhiben una notable tendencia a conformarse tan estrechamente a un patrón, dependiendo de la naturaleza del problema, que tipos de animales sumamente diferentes (placentarios y marsupiales por ejemplo), que no tienen una relación lineal por lo que atañe al pensamiento evolucionista actual, se desarrollan por separado en líneas tan similares que, si no tuviésemos otra
información en sentido contrario, nos llevarían a la errónea
suposición de que están muy estrechamente relacionados.
Por lo tanto, las alas de una mariposa y las de un ave, a pesar de tener diferente origen, cumplen la misma función debido a un proceso de evolución tipo convergente.

La convergencia es un fenómeno casi universal, este es un hecho constatado. Hay animales de los que se puede demostrar que no están relacionados y que han desarrollado estructuras o mecanismos precisamente similares y que son tan complejos que es totalmente inconcebible que puedan haber surgido puramente por accidente. Y estas convergencias no son en absoluto superficiales. Con frecuencia son de tal naturaleza que involucran a todo el animal.

Continuará...

10/3/18

EVOLUCIÓN TERRESTRE (I)


El proceso por el cual una especie evoluciona a dos o más especies con diferentes características se denomina evolución divergente.
Sucede cuando una población se aísla del resto de la especie y debido a presiones selectivas particulares, comienza a seguir un curso evolutivo diferente. Por ejemplo, el oso pardo se difundió por todo el hemisferio norte, esto ocurrió hace aproximadamente 1,5 millones de años. Durante una de las glaciaciones masivas del Pleistoceno, una población de osos pardos se separó del grupo principal y bajo la inmensa presión selectiva de un ambiente hostil, evolucionó originando al oso polar.
Los osos pardos, aunque son miembros del orden de los carnívoros y están muy relacionados con los perros, son principalmente vegetarianos y complementan su dieta, solo ocasionalmente, con peces y animales de presa. Asimismo, el oso polar es casi completamente carnívoro y se alimenta básicamente de focas. Además, el oso polar difiere físicamente de los otros osos en varios aspectos, tales como su color blanco, sus dientes de tipo carnívoro, su cabeza y hombros hidrodinámicos y las cerdas rígidas que cubren las plantas de sus pies, que aseguran aislamiento y tracción sobre el hielo resbaloso.
Por esta razón, la evolución divergente no solo puede llevar a la diferenciación de ecotipos adaptados localmente, sino que puede conducir a que una especie evolucione a dos o más especies con diferentes características.

Si por “evolución” nos referimos meramente a las variaciones observables entre animales que se sabe que pertenecen a la misma especie (variedades de perros, por ejemplo) y que bajo ciertas condiciones siguen capaces de cruzarse y producir descendencia fértil, entonces estamos hablando de un hecho. Pero esta clase de evolución no arroja luz sobre el origen de las especies en el sentido más amplio.
Hasta este punto, en tanto que la convergencia es un hecho establecido, la divergencia es meramente una teoría atractiva.

Probablemente no hay ninguna teoría que haya sido promocionada con tanto fervor, defendida tan dogmáticamente y recibida con un reconocimiento tan universal sobre unas bases tan endebles como la teoría de la evolución.
Es de sospechar que las debilidades inherentes en la actual teoría, que ya se están admitiendo en muchos lugares, explican la creciente hostilidad por parte de sus principales proponentes contra cualquier intento serio que se realice para reexaminar sus presuposiciones básicas.

Continuará...

28/2/18

LA ERA CENOZOICA


La aparición y evolución del hombre se realiza en la era Cenozoica y en el periodo Cuaternario.

Los aproximadamente 4.500 millones de años de historia de la Tierra son divididos por la Geología en unidades de tiempo basados en acontecimientos geológicos, climáticos y biológicos de gran magnitud. Estas unidades de tiempo son la eras, que están formadas por periodos, estos a su vez están constituidos por épocas.
La era Cenozoica se extiende desde 65 millones de años hasta el presente y comprende a los periodos terciario y cuaternario. El periodo cuaternario o neozoico abarca desde hace 2.588 millones de años hasta la actualidad y se divide en dos épocas geológicas (Pleistoceno y Holoceno).

El Pleistoceno, la primera y más larga época del periodo, se caracterizó por los ciclos de glaciaciones.
El Holoceno comenzó hace 12.000 años y continúa en la actualidad, es un periodo interglaciar en que el deshielo hizo subir unos 120 metros de nivel del mar, inundando grandes superficies de tierra.
Fue durante el Cuaternario cuando apareció el homo sapiens sobre la Tierra. Asimismo, se extinguieron grandes especies, tanto vegetales como animales, y fueron las aves y mamíferos los vertebrados que dominaron la tierra. Hubo un gran predominio de los mamíferos, una gran expansión del hombre y la presencia de una flora y fauna muy parecida a la actual.


19/2/18

PANGEA


En el proceso de evolución, cuando los vertebrados poblaron el ambiente terrestre, su dispersión estuvo facilitada por el acercamiento de los continentes para formar un supercontinente que se mantuvo como única masa de tierra durante toda la primera mitad de la era mesozoica que se extiende desde hace 245 a 65 millones de años, en ella los vertebrados se desarrollaron, diversificaron y conquistaron todos los ámbitos de la Tierra.

Hace 250 millones de años existía un supercontinente denominado PANGEA, este se formó al final del paleozoico. Pangea se desintegra en la segunda mitad del mesozoico, por acción de la tectónica de placas que se fraccionó formando dos continentes, uno al norte denominado Laurasia (Europa y Asia) y otro al sur llamado Gondwana (Africa y América del sur). Estos dos grandes bloques seguirían fraccionándose hasta dar lugar a los continentes actuales, aproximadamente hace 35 millones de años.

La era mesozoica se divide en 3 periodos: triásico, jurásico y cretácico. El periodo triásico se extiende desde hace aproximadamente 245 a 213 millones de años. En este periodo nacen los dinosaurios y comienzan a diversificarse. Asimismo, se marca la aparición de los primeros mamíferos verdaderos y las primeras aves. Las aves surgieron de dinosaurios carnívoros ligeros y bípedos. Los mamíferos aparecieron a partir de un grupo de reptiles desarrollados, denominados cinodontos.
Por lo tanto, en el proceso de su evolución, cuando los vertebrados poblaron el ambiente terrestre, su dispersión estuvo facilitada por el acercamiento de los continentes.