11/1/19

EL ORIGEN DE LA ESTRELLA DE BELEN


Una tablilla neobabilónica con escritura cuneiforme revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la Constelación de Piscis en el séptimo año antes de Cristo.

Una estrella anunciaría el nacimiento de un rey. Vinieron unos magos de Oriente, siguiendo el camino de una estrella y adoraron al Niño Dios”.
La estrella de Belén es el resultado de una conjunción planetaria, es decir, dos planetas se aproximan mucho en sus órbitas y a ojos de los humanos llegan a parecer un único planeta porque prácticamente se superponen en sus órbitas. Durante los años 2 y 3 a.C. se registraron múltiples conjunciones planetarias (Saturno con Mercurio, Saturno con Venus, Venus con Júpiter, Venus con Mercurio). Son muchos los astrólogos que se suman a esta creencia y hasta el propio Benedicto XVI escribió en su libro “La infancia de Jesús” que fue una conjunción planetaria la que llevó a los Reyes Magos hasta Belén.

Puede ser interesante en este contexto, que el estudioso Friedrich Wieseler, de Gotinga, haya encontrado al parecer en tablas cronológicas chinas, que en el año 4 a.C., había aparecido y se había visto durante mucho tiempo una estrella luminosa. (Gnilka, p. 44).

El evangelista Mateo (2,2) pone en relación el evento de Belén con la aparición de una estrella particularmente luminosa en el cielo de Palestina. Y es precisamente en este momento en el que la tablilla de arcilla ofrece un testimonio particular.
Existen muchas hipótesis sobre la estrella que vieron los magos, "magoi" en griego era la palabra con que se denominaba a la casta de sacerdotes persas y babilonios que se dedicaban al estudio de la astronomía y de la astrología, y que les llevó a afrontar un largo viaje con el objetivo de rendir homenaje al recién nacido.

El 17 de Diciembre de 1.603, Johannes Kepler, astrónomo y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo, al observar con un modesto telescopio desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno. Hizo concienzudos cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7º a.C. Recordó también que el famoso rabino y escritor Isaac Abravanel (1437-1508) había hablado de un influjo extraordinario atribuido por los astrólogos hebreos a aquel fenómeno: El Mesías tenía que aparecer durante una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis.
Kepler habló en sus libros de su descubrimiento, pero cayó en el olvido perdido entre su inmenso legado astronómico. Faltaba una demostración científica clara. Llegó en 1.925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del dios sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates, a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín.

Entre los numerosos datos de observación astronómica sobre los dos planetas, Schnabel encuentra en la tabla un dato sorprendente, la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis tiene lugar en el año 7º a.C., en tres ocasiones, durante pocos meses: del 29 de Mayo al 8 de Junio; del 26 de Septiembre al 6 de Octubre y del 5 al 15 de Diciembre. Además, según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.

Si este descubrimiento se identifica con la estrella de Navidad de la que habla el Evangelio de Mateo, el significado astrológico de las tres conjunciones hace sumamente verosímil la decisión de los Magos de emprender un largo viaje para buscar al Mesías recién nacido.
Según explica el prestigioso catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani, autor del libro “Jesús, constructor y maestro”, en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del Mundo y la constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos. El planeta Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecerá este año en Palestina.

La triple conjunción de los dos planetas en la constelación de Piscis explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio. La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de Diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, “delante de ellos” (Mateo 2, 9).
Es importante a este respecto que el planeta Júpiter representaba al principal dios babilónico Marduk. Ferrari d’Occhieppo lo resume así: «Júpiter, la estrella de la más alta divinidad de Babilonia, compareció en su apogeo en el momento de su aparición vespertina junto a Saturno, el representante cósmico del pueblo de los judíos». Los astrónomos de Babilonia, podían deducir de este encuentro de planetas un evento de importancia universal, el nacimiento en el país de Judá de un soberano que traería la salvación.

La gran conjunción de Júpiter y Saturno en el signo de Piscis en los años 7-6 a.C. parece ser un hecho constatado. Los pormenores de cómo aquellos hombres habían llegado a la certeza que los hizo partir y llevarlos finalmente a Jerusalén y a Belén, es una cuestión que debemos dejar abierta.

Que los Magos fueran en busca del rey de los judíos guiados por la estrella y representen el movimiento de los pueblos hacia Cristo significa implícitamente que el cosmos habla de Cristo, aunque su lenguaje no sea totalmente descifrable para el hombre en sus condiciones reales, suscita la intuición del Creador y también la expectativa, más aún, la esperanza de que un día este Dios se manifestará. Y hace tomar conciencia al mismo tiempo de que el hombre puede y debe salir a su encuentro. Pero el conocimiento que brota de la creación y se concretiza en las religiones también puede perder la orientación correcta, de modo que ya no impulsa al hombre a moverse para ir más allá de sí mismo, sino que lo induce a instalarse en sistemas con los que piensa poder afrontar las fuerzas ocultas del mundo.



7/1/19

EL NACIMIENTO DE JESÚS


Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo ordenado por César Augusto cuando Cirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes el Grande, quien murió asesinado por su hijo Herodes Antipas en el cuarto año antes de Cristo. Así es que algunos historiadores creyeron que Jesús nació antes del año cero.

«En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero». Lucas el evangelista introduce con estas palabras su relato sobre el nacimiento de Jesús. Para Lucas es importante el contexto histórico universal.
Por primera vez se empadrona “al mundo entero”, hay un gobierno y un reino que abarca todo el orbe. Y por primera vez hay una gran área pacificada, donde se registran los bienes de todos y se ponen al servicio de la comunidad. Sólo en este momento, en el que se da una comunión de derechos y bienes a gran escala, y hay una lengua universal que permite a una comunidad cultural entenderse en el modo de pensar y actuar. Puede entrar en el mundo un mensaje universal de salvación, un portador universal de salvación es en efecto la plenitud de los tiempos.

Resulta claro que Augusto no solamente era visto como político, sino como una figura teológica, aunque se ha de tener en cuenta que en el mundo antiguo no existía la separación que nosotros hacemos entre política y religión, entre política y teología. Ya en el año 27 a.C., tres años después de su toma de posesión, el senado romano le otorgó el título de Augustus (en griego Sebastos), «el adorable». En la inscripción de Priene se le llama Salvador (sōtēr). Este título, que en la literatura se atribuía a Zeus, pero también a Epicuro y a Esculapio, en la traducción griega del Antiguo Testamento está reservado exclusivamente a Dios.
También para Augusto tiene una connotación divina, el emperador ha suscitado un cambio radical del mundo, ha introducido un nuevo tiempo. El “salvador” ha llevado al mundo sobre todo la paz. Él mismo ha hecho representar esta misión suya de portador de paz de manera monumental y para todos los tiempos en el Ara Pacis Augusti. En los restos que se han conservado se manifiesta claramente como la paz universal que él aseguraba por cierto tiempo, permitía a la gente dar un profundo suspiro de alivio y esperanza.

Y llegamos de nuevo al empadronamiento de todos los habitantes del reino, que pone en relación el nacimiento de Jesús de Nazaret con el emperador Augusto. Sobre esta recaudación de los impuestos (el censo), hay una gran discusión entre los eruditos, pero es bastante fácil aclarar un primer problema: el censo tiene lugar en los tiempos del rey Herodes el Grande que, sin embargo, ya había muerto en el año 4 a.C.

Según Flavio Josefo, al que debemos sobre todo nuestros conocimientos de la historia judía en los tiempos de Jesús, el censo tuvo lugar el año 6 después de Cristo, bajo el gobernador Cirino, hay indicios según los cuales, Cirino había intervenido en Siria también en torno al año 9 a.C. por encargo del emperador. Así resultan ciertamente convincentes las indicaciones de diversos estudiosos, como Alois Stöger, en el sentido de que, en las circunstancias de entonces, el “censo” se desarrollaba a duras penas y se prolongaba por algunos años. Por lo demás, se llevaba a cabo en dos etapas: primero se procedía a registrar toda propiedad de tierras e inmuebles, y luego en una segunda etapa, con la determinación de los impuestos que efectivamente se debían pagar. La primera etapa tuvo lugar por tanto en el tiempo del nacimiento de Jesús; la segunda, mucho más lacerante para el pueblo, suscitó la insurrección. (Stöger, p. 373s).

En referencia al emperador Augusto, el evangelista Lucas ha trazado un cuadro histórico y teológico donde Jesús ha nacido en una época que se puede determinar con precisión.
Al comienzo de la actividad pública de Jesús, Lucas ofrece una vez más una datación detallada y cuidadosa de aquel momento histórico. Es el decimoquinto año del imperio de Tiberio. Se menciona además al gobernador romano de aquel año y a los tetrarcas de Galilea, Iturea y Traconítide, así como también al de Abilene, y luego a los jefes de los sacerdotes (Lc 3,1s).

El decreto de Augusto para registrar fiscalmente a todos los ciudadanos de la ecúmene lleva a José, junto con María, a Belén, a la ciudad de David, y sirve así para que se cumpla la promesa del profeta Miqueas, según la cual el Pastor de Israel habría de nacer en aquella ciudad (5, 1-3). Sin saberlo, el emperador contribuye al cumplimiento de la promesa, la historia del Imperio romano y la historia de la salvación iniciadas por Dios con Israel, se compenetran recíprocamente. La historia de la elección de Dios, limitada hasta entonces a Israel, entra en toda la amplitud del mundo de la historia universal. Dios, que es el Dios de Israel y de todos los pueblos, se demuestra como el verdadero guía de toda la historia.

Continuará...

5/1/19

LA LEYENDA DE LOS REYES MAGOS


En la Biblioteca Nacional Española (BNE) se encuentran una serie de piezas, entre ellas el Auto de los Reyes Magos, códices medievales o renacentistas, que ayudan a entender los orígenes de la leyenda de los Reyes Magos, que se fue creando a lo largo de la Edad Media.
Es innegable la relación que existe entre sus majestades y la astrología ya que, dejando las teorías sobre la estrella de Belén aparte, en el Auto de los Reyes Magos -el texto teatral más antiguo conservado en lengua castellana del siglo XVIII- aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar, pero no aparecen bajo el título de Reyes Magos, sino de “stelleros”, es decir, astrólogos.

También Benedicto XVI escribió en su libro:
Varios factores podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación. Los hombres de los que habla Mateo no eran únicamente astrónomos. Eran sabios, representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra”.
La sabiduría sanea así también el mensaje de la ciencia, la racionalidad de este mensaje no se contentaba con el mero saber, sino que trataba de comprender la totalidad, llevando así a la razón hasta sus más elevadas posibilidades”.

Así como la tradición de la Iglesia ha leído con toda naturalidad el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaias (1,3) y de este modo llegaron al pesebre el buey y el asno, así también ha leído la historia de los Magos a la luz del Salmo 72,10 e Isaías 60. De esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes, y con ellos han entrado en la gruta los camellos y los dromedarios.
La promesa contenida en estos textos extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis-Tartesos en España*)”.
(*) El antiguo reino de Tartesos, ubicado en la zona occidental de Andalucía-España, desapareció en el siglo VI a.C., es prácticamente imposible que 600 años antes del nacimiento del niño Jesús, desde Tartesos hubieran llegado a Belén unos magos guiados por la estrella.
Es lamentable que esta frase del Papa Benedicto, sacada de contexto, haya ocasionado tanta confusión, errores de interpretación y tergiversación histórica.

Y el texto sigue: “La tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Europa y Asia.
Más tarde se ha relacionado a los tres reyes con las tres edades de la vida del hombre: la juventud, la edad madura y la vejez. También ésta es una idea razonable, que hace ver cómo las diferentes formas de la vida humana encuentran su respectivo significado y su unidad interior en la comunión con Jesús.
Queda la idea decisiva: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo”.

En Petrus Comestor, encontramos por primera vez los pretendidos nombres hebreos y griegos de los reyes magos, unidos muy pronto a los nombres latinos, que son los nombres tradicionales: “Nomina trium magorum haec sunt: hebraice Appeüus, Amerus, Damascus; graece Galgalath, Magalath, Sarachim”. El cod. Paris. Lat. 5100 añade, al margen solamente: Latine Gaspar, Balthasar, Melchior”.
Si nos ceñimos a la literatura española, encontramos los nombres de los tres reyes magos en el Poema de Mío Cid: “Tres reyes de Arabia te vinieron adorar, Melchior e Gaspar e Baltasar”.

Como advirtió Menéndez Pidal, «si los nombres de los reyes magos no son una interpolación posterior al original del Cantar, éste nos ofrecería una de las primeras menciones de ellos en la poesía europea. Esos nombres sólo se generalizan a fines del siglo XII, por medio de una interpolación hecha en la Historia escolástica, de Pedro Comestor, obra escrita hacia 1.178. La forma Caspar es la que se halla en el Auto de los Magos, poco anterior al cantar y en el Hortus delíciarum, de la abadesa alsaciana, Herarda de Landsberg, muerta en 1.195. Alguna forma con G- inicial (Gathaspa, etc.) se halla en textos muy antiguos».
Es muy fácil pensar en la evidente posibilidad de fechar el Poema de Mío Cid, si realmente esos dos versos citados no eran una interpolación posterior y si los nombres de los reyes magos en la forma actual, que es la del Cantar, eran desconocidos en el Oeste de la Cristiandad hasta muy avanzado el siglo XII.
Con el supuesto descubrimiento de los restos mortales de los tres reyes magos en Milán el año 1.158, y su traslado a Colonia en 1.164, se difundió por Europa la forma más conocida de los nombres.

La Patrología Griega de Migne recoge un Opus imperfectum in Matthaeum, de un anónimo que puede ser del siglo VI. En esta obra encontramos un extracto de una obra, posiblemente etíope, conocida con el título Libro del Comandamento o Libro de Seth, y también Testamento de Adán.
He aquí lo que el autor del Opus imperfectum nos ha conservado acerca de la leyenda de los Reyes Magos: «Liber apocryphus, nomine Seth. Mons. Victorialis: He oído hablar a algunas personas de una escritura que, aunque no muy cierta no es contraria a la ley y se escucha más bien con agrado. Leemos en ella que existía un pueblo en el más extremo Oriente, a orillas del Océano, que poseía un libro atribuido a Set. En él se hablaba de la aparición futura de una estrella y de los presentes que por medio de ella se habían de llevar; esa predicción se suponía transmitida de padres a hijos, a través de las generaciones de hombres sabios. Eligieron entre ellos a doce de los más sabios y más aficionados a los misterios de los cielos y se dispusieron a esperar esta estrella. Si moría alguno de ellos, su hijo o el pariente más próximo que esperaba lo mismo, era elegido para remplazarlo.
Los llamaban, en su lengua, Magos, porque glorificaban a Dios en el silencio y en voz baja. Todos los años, después de la recolección, estos hombres subían a un monte, llamado en su lengua Monte de la Victoria, donde había una caverna abierta en la roca sumamente agradable, por los riachuelos y los árboles que la rodeaban, emprendieron el camino de Judea. La estrella les precedía en su caminar y no les faltó ni el pan ni el agua en sus alforjas. Lo que hicieron después, nos lo ha conservado en forma resumida el Evangelio».

Desde mucho antes del nacimiento de Cristo, varias generaciones de sabios escrutaron el horizonte para verificar la profecía: “una estrella anunciaría el nacimiento de un rey”. Tales observaciones se efectuaban desde una alta montaña que la tradición conoce como Vaus o Victoriales, en el confín occidental de la India. Probablemente se trata del monte Zard Küh, 4.548 m. en Irán, la cumbre más alta de los Montes Zagros.
El hecho es que en esta cumbre habrían confluido tres reyes, o tres magos de estirpe real. Uno, Teokeno, luego llamado Melchor, vivía en Media, la tierra de los medos, a orillas del Caspio, quizás al sur del actual Turkmenistán. El segundo, Mensor, luego llamado Gaspar, de estirpe caldea, gobernaba las islas del Éufrates, tal vez en la actual frontera entre Irán e Irak. El tercero, Sair, luego llamado Baltasar, venía aún más del sur, quizá de lo que hoy es Kuwait, al sur del lago de Basora.
A Melchor se le supone un origen indio; a Gaspar, persa; a Baltasar, árabe. Hay que decir que esos nombres no son los únicos que se ha atribuido a los magos en la literatura del cristianismo temprano, en griego se llamaron Apelikón, Amerín y Damascón, y en hebreo Magalath, Serakín y Galgalath.



17/12/18

EL SOL INVICTUS Y MITRA


Deus Sol Invictus” (el invencible dios Sol), fue un título religioso aplicado al menos a tres divinidades distintas en Roma: a El Gabal, al dios Sol (Helios) y a Mitra.

A partir sobre todo del siglo III, con Aureliano, e incluso muchos emperadores anteriores a Constantino grabaron el Sol Invictus en sus monedas oficiales, con la leyenda SOLI INVICTO COMITI, para de este modo invocar al Sol Invicto como compañero del emperador. De hecho, la moneda oficial de Constantino continuó llevando la leyenda relativa al Sol Invictus hasta el año 323.

La religión y fiesta del Sol Invictus continuó siendo parte de la religión estatal hasta que el paganismo fue abolido por decreto del emperador Teodosio I el 27 de Febrero del 380 por el edicto de Tesalónica, promulgando el Cristianismo como única religión del Imperio. 

                                                                 Mitra y el Toro

A finales del siglo I a.C. un nuevo dios irrumpió en el Imperio Romano con una pujanza extraordinaria: el dios persa Mitra, dios de la luz y la sabiduría, que ofrecía la salvación mediante la creencia en un alma inmortal.

El culto a Mitra, muy difundido entre los siglos I a VI d.C., estaba reservado solo a los hombres, sobre todo a los soldados, y era representado como un muchacho que está matando a un toro.
El toro y su sacrificio tenían un vínculo simbólico con la muerte y la resurrección, y con el crecimiento de las cosechas. Sus templos se erigían en cavernas, mithraea, en las que se han encontrado representaciones pictóricas del sacrificio al toro.

El mito se pierde en el tiempo. Su culto se extendió por Persia y tras ser vencidos los piratas cilicios por Pompeyo, sus legiones llevaron la nueva doctrina a Roma donde se introdujo a finales del siglo I a.C. Bajo el mandato de Aureliano esta deidad cobrará mucha relevancia y será asimilada a la del “Dios Invictus”.

La mitología recoge la leyenda de Mitra que es el enviado del dios Sol a la tierra para redimir a los hombres tras nacer un 25 de Diciembre.
En el momento de su nacimiento lleva un gorro frigio (símbolo de libertad), una daga y una antorcha y será adorado por pastores. Tras ello, se traslada a la Cueva Primordial donde recibe el encargo del dios, transmutado en cuervo, de capturar al Toro Primigenio y transportarlo sobre sus hombros a la Cueva donde se celebrará el sacrificio.
La dura prueba comienza con el acoso y captura del soberbio animal que se resiste con fiereza y que incluso descabalga y hiere al Dios varias veces, hasta que finalmente éste consigue someterlo, para así empezar realmente el transitus o traslado del toro vivo hasta la gruta. Tras un largo y durísimo viaje consigue llegar a su destino, donde el cuervo (dios) le anuncia que debe realizar el sacrificio. Después de doblegar al animal, con la daga que portaba al nacer, degüella al toro brotando de su sangre animales beneficiosos para el hombre y cereales de su rabo.

Después de redimirnos con el sacrificio, Mitra asciende a los cielos donde espera el fin del reinado del Señor de las tinieblas (los días oscuros). Hará resucitar a los muertos y se los llevará más allá de las estrellas, tras lo cual el mundo será destruido, para que llegue un nuevo Comienzo.
Como en todos los cultos mistéricos, los adeptos estaban obligados a mantener en secreto los rituales del culto, por lo que no hay apenas testimonios escritos. 
El culto empezaría tras las Saturnalias (del 17 al 23 de diciembre), los días 24 y 25 estarían dedicados a Mitra: el 24 Mitra moría y comenzaba su “transito inferior del sol” y luego, el día 25, renacía victorioso al igual que el Son Invencible, “natalis solis invicti”. De ahí que será asimilado a esa deidad.

Aureliano, en el siglo III d.C., fortaleció la posición del dios del Sol como la principal divinidad del panteón romano. Su intención era dar a todos los pueblos del imperio, civiles o soldados, occidentales u orientales, un solo dios en quien ellos podrían creer sin traicionar a sus propios dioses.

El mitraísmo habría sido un instrumento adicional para favorecer la cohesión del vasto conglomerado étnico y cultural en el que se había convertido el Imperio Romano, empezando por el estamento militar. Se trataba de un culto basado en la autoridad de la jerarquía, en la sumisión de los seguidores y en la creación de potentes lazos personales a través de las pequeñas hermandades que lo llevaban a cabo, lazos que permitían a gentes de distinta procedencia encontrar fuertes vínculos de identidad y solidaridad.

El culto a Mitra ofrece puntos en común con el cristianismo, no sólo por su sentido moral, sino también por sus correlaciones con ciertos pasajes bíblicos. Tal fue su parecido que Tertuliano aseguró que el culto de Mitra era “una diabólica imitación del cristianismo”. Hasta cierto punto, esta tendencia preparaba el advenimiento del cristianismo, religión que a su vez se había ido difundiendo y cuyo crecimiento se multiplicaría a partir del decreto de tolerancia emitido por el emperador Constantino en el año 313.
Este largo periplo nos lleva por fin a conocer el origen de la celebración de nuestra Navidad el 25 de Diciembre. De hecho, no se reconocerá esta festividad hasta más de 300 años después de la muerte de Jesús.


8/12/18

CALENDARIO DE DICIEMBRE



7 de Diciembre: Luna Nueva.

Esta fase ocurre a las 07:20 UTC. Es el mejor momento del mes para observar objetos débiles como galaxias y cúmulos de estrellas porque no hay luz de luna que interfiera.
13 y 14 de Diciembre: Lluvia de Gemínidas.

Las Gemínidas son las reinas de las lluvias de meteoritos. Está considerada por muchos como la mejor lluvia de estrellas, produciendo hasta 120 meteoros multicolores por hora en su apogeo. Es producida por restos dejados por un asteroide conocido como 3200 Phaethon, que fue descubierto en 1982. Esta lluvia se produce anualmente del 7 al 17 de Diciembre. Su momento de apogeo este año será en la noche del 13 al 14 de Diciembre. La Luna no será un problema. Los meteoros irradiarán desde la constelación de Géminis, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo.
15 de Diciembre: Mercurio

El planeta Mercurio alcanza la mayor elongación occidental de 21,3 grados del Sol. Este es el mejor momento para ver Mercurio, ya que estará en su punto más alto sobre el horizonte en el cielo de la mañana.


21 de Diciembre: Solsticio de Invierno

El solsticio de Diciembre ocurre a las 22:23 UTC. El Polo Sur de la Tierra estará inclinado hacia el Sol, que habrá alcanzado su posición más meridional en el cielo y estará directamente sobre el Trópico de Capricornio a 23.44 grados de latitud sur. Este es el primer día de invierno (solsticio de invierno) en el hemisferio norte y el primer día de verano (solsticio de verano) en el hemisferio sur.

22 de Diciembre: Luna llena.

Esta fase ocurre a las 17:49 UTC. Esta luna llena era conocida por las primeras tribus nativas americanas como la Luna Llena Fría porque es la época del año cuando el aire frío del invierno se asienta y las noches se vuelven largas y oscuras.

21 y 22 de Diciembre: Lluvia de estrellas Úrsidas.

Las Úrsidas son una pequeña lluvia de meteoritos que produce entre 5 y 10 meteoros por hora. Es producida por granos de polvo que dejó el cometa Tuttle, que se descubrió por primera vez en 1790. La lluvia tiene lugar del 17 al 25 de Diciembre, con su punto máximo este año la noche del 21 al 22 de diciembre. Este año, el resplandor de la luna llena ocultará todos los meteoros más brillantes. Los meteoros irradiarán desde la constelación de la Osa Menor, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo.

25 de Diciembre: Navidad (nacimiento de Jesús)

El 25 de Diciembre en el antiguo calendario Juliano, se le llamó Sol Invictus en conmemoración al Sol. El Festival del Nacimiento del Sol Invencible (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al renacimiento del Sol.


9/11/18

CALENDARIO DE NOVIEMBRE


5 y 6 de Noviembre: Lluvia de Táuridas.

Las Táuridas son una pequeña lluvia de meteoros de larga duración que producen apenas 5-10 meteoros por hora. Nace de dos flujos separados. El primero es producido por los granos de polvo que dejó Asteroid 2004 TG10. La segunda secuencia es producida por escombros dejados por el Cometa 2P Encke.
La lluvia de Táuridas tiene lugar desde el 7 de Septiembre hasta el 10 de Diciembre, este año llega a su punto máximo en la noche del 5 de Noviembre. La delgada luna creciente dejará los cielos oscuros para una buena observación, sobre todo justo después de la medianoche.
Los meteoros irradiarán desde la constelación de Tauro, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo.

6 de Noviembre: Observación de Mercurio.

El planeta Mercurio alcanza la mayor elongación oriental de 23.3 grados del Sol. Este es el mejor momento para ver Mercurio, ya que estará en su punto más alto sobre el horizonte en el cielo nocturno.

7 de Noviembre: Luna Nueva.
Esta fase ocurre a las 16:02 UTC.

17 y 18 de Noviembre: Lluvia de Leónidas.

La lluvia de meteoros Leónidas puede observarse del 6 al 30 de Noviembre y el mejor día será del 17 al 18 de Noviembre. El cielo estará bastante oscuro para lo que podría ser un buen espectáculo de madrugada. Los meteoros irradiarán desde la constelación de Leo, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo con hasta 15 meteoros por hora en su punto máximo. Esta lluvia es única ya que tiene un pico ciclónico cada 33 años, en el que se pueden ver cientos de meteoros por hora. El último de estos picos ocurrió en 2.001.
Las Leónidas son producidas por los granos de polvo que dejó el cometa Tempel-Tuttle, que fue descubierto en 1.865.

23 de Noviembre: Luna llena.

Esta fase ocurre a las 05:40 UTC. Esta luna llena era conocida por las primeras tribus nativas americanas como Full Beaver Moon o “luna del castor”, por ser la época del año para colocar las trampas de castores antes de que los pantanos y los ríos se congelen.

7/11/18

COSMOGONÍA AZTECA (II)

El quinto Sol


Fray Bernardino de Sahagún, en su obra “La Historia General de las cosas de la Nueva España”, también conocida como “Código Florentino”, recoge la leyenda transmitida por los aztecas, que habla sobre la creación del Quinto Sol y de la Luna.

La leyenda decía así:
Antes de que hubiese día, se reunieron los dioses en Teotihuacan y dijeron: ¿Quién alumbrará el mundo?. Un dios rico, Tecuzitecatl, dijo: Yo tomo el cargo de alumbrar el mundo. ¿Quién será el otro?, y como nadie respondía, se lo ordenaron a otro dios que era pobre y buboso, Nanahuatzin.
Después del nombramiento, los dos comenzaron a hacer penitencia y a elevar oraciones. El dios rico ofreció plumas valiosas de un ave que llamaba quetzal, pepitas de oro, piedras preciosas, coral e incienso de copal. El buboso ofrecía cañas verdes, bolas de heno, espinas de maguey cubiertas con su sangre, y en lugar de copal, ofrecía las postillas de sus bubas.
A media noche se terminó la penitencia y comenzaron los oficios. Los dioses regalaron al dios rico un hermoso plumaje y una chaqueta de lienzo y al dios pobre, una estola de papel. Después encendieron fuego y ordenaron al dios rico que se introdujera en él. Pero tuvo miedo y se echó para atrás. Lo intentó de nuevo y volvió a retirarse, así hasta cuatro veces. Entonces le tocó el turno a Nanahuatzin que cerró los ojos y se metió en el fuego y ardió. Cuando el rico lo vio, lo imitó. A continuación entró un águila, que también se quemó y por eso el águila tiene las plumas de color muy oscuro. Después entró un tigre que se chamuscó y quedó manchado de blanco y negro. Los dioses se sentaron entonces a esperar por dónde saldría Nanauatzin.
Miraron hacia Oriente y vieron salir el Sol muy colorado, tan brillante que no podían mirarlo y lanzando rayos en todas direcciones. Volvieron a mirar hacia Oriente y vieron salir la Luna. Al principio los dos dioses resplandecían por igual, pero uno de los presentes arrojó un conejo a la cara del dios rico y de esa manera disminuyó su resplandor. Todos se quedaron quietos sobre la tierra. Después decidieron morir para dar de esa manera la vida al Sol y la Luna. Fue el Aire quien se encargó de matarlos y a continuación el Viento empezó a soplar y a mover, primero al Sol y más tarde a la Luna”.

Para conmemorar el nacimiento de los astros, se construyeron en Teotihuacán dos pirámides en los sitios donde habían orado ambos dioses antes del sacrificio. La pirámide mayor se llamó Tonatiuh Itzacualli, Casa del Sol, y la menor Meztli Itzacualli, Casa de la Luna.

El quinto Sol se llama Nahui-Ollin (Cuatro-Movimiento), porque está destinado a desaparecer por un terremoto que sacudirá la Tierra, y los monstruos del Oeste, tzitzimime, con apariencia de esqueletos, matarán a todos los seres humanos.

Continuará...

28/10/18

COSMOGONÍA AZTECA (I)

                                  Nahui-Ocelotl 


Los distintos mitos aztecas difieren respecto a quien fue el creador supremo. Según alguna versión, sólo existía una divinidad principal, el dios del fuego, llamado Ometeotl. Era una figura andrógina que se mostraba como una dualidad masculina y femenina llamadas respectivamente Ometecuhtli y Omecihuatl.
De este dios hermafrodita o pareja cósmica, descendían los dioses creadores de los cuatro primeros soles y el resto de las divinidades.

Otra versión prescindía de Ometeotl y otorgaba la categoría de supremo creador a Ometecuhtli quien junto a su esposa Omecihuatl, infundió la vida sobre la tierra.
La leyenda mexica señalaba que vivían en el quinto Sol, o quinta Era, tras la destrucción de los cuatro soles anteriores. Según este mito, los dioses creadores pretendían alcanzar la supremacía en el mundo utilizando cada uno su fuerza cósmica: tierra, fuego, viento y agua.
Mientras esas fuerzas se mantuvieran en equilibrio, el mundo estaría en orden y podía existir la Era de un Sol. Si se producía un desequilibrio, ese Sol, junto con la Tierra y los seres humanos, perecerían.

El Primer Sol fue creado por Tezcatlipoca, dios de la tierra. No obstante, su creación no fue perfecta ya que los seres humanos eran gigantes y además sólo creó medio Sol. Los humanos únicamente podían alimentarse de bellotas y piñones por lo que se encontraban débiles y fueron presa fácil de los jaguares que, en un momento determinado, tras devorar el medio sol existente, los exterminaron aprovechando la oscuridad.
El primer Sol se llamaba Nahui-Ocelotl (Cuatro-Ocelote o Jaguar), porque había sido destruido, después de tres veces cincuenta y dos años, por los jaguares a quienes los aztecas consideraban como una representación zoomorfa del dios Tezcatlipoca.

El Segundo Sol fue creado por Quetzalcoatl, dios del viento. En este período soplaban fuertes vientos y los humanos, deficientemente alimentados con semillas de árboles, no pudieron sobrevivir a los huracanes, excepto aquellos que consiguieron transformarse en monos.
El segundo Sol se llamaba Nahui-Ehécatl (Cuatro-Viento) y desapareció después de siete veces cincuenta y dos años al desatarse un gran huracán, manifestación de Quetzalcoatl, que transformó a los supervivientes en monos.

El Tercer Sol fue creado por Tlaloc, dios de la lluvia y señor del rayo, el tercer sol llamado Nahui-Quiahuitl (Cuatro-Lluvia de fuego) desapareció al cabo de seis períodos de cincuenta y dos años, bajo una lluvia de fuego enviada por Tlaloc. Los habitantes de la tierra, que sobrevivían exclusivamente de cereales, fueron pereciendo a causa del fuego y de las cenizas procedentes de las erupciones volcánicas. Únicamente escaparon de la destrucción aquellos que lograron convertirse en pájaros.

El Cuarto Sol fue creado por la diosa del agua, Chalchiuhtlique. Este sol, conocido como Nahui-Atl (Cuatro-Agua), acabó con un terrible diluvio una vez transcurridos tres ciclos de cincuenta y dos años, el agua emergió del centro de la Tierra causando una catástrofe de la que sólo algunos humanos sobrevivieron tras adquirir la forma de peces.

Cada uno de estos soles corresponde a un punto cardinal: Norte, Oeste, Sur y Este, respectivamente.
Las cuatro creaciones anteriores habían sido destruidas por catástrofes habiendo desaparecido todo lo existente en cada una de las eras.

Continuará...

8/10/18

CALENDARIO DE OCTUBRE



8 de Octubre: Lluvia de Dracónidas.

Las Dracónidas son una pequeña lluvia de meteoritos que produce apenas 10 meteoros por hora. Es producido por los granos de polvo que dejó el cometa 21P Giacobini-Zinner, que se descubrió por primera vez en 1.900. Se trata de una lluvia un tanto inusual, ya que la mejor vista es a primera hora de la tarde y no a primera hora de la mañana como pasa con la mayoría de lluvias de estrellas. Puede observarse del 6 al 10 de octubre y alcanza su punto máximo este año la noche del 8 de octubre. Este será un año excelente para observar las Dracónidas porque no habrá luz de luna para estropear el espectáculo. Los meteoros irradiarán desde la constelación de Draco, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo.

9 de Octubre: Luna Nueva. Esta fase ocurre a las 03:47 UTC.

21-22 de Octubre: Lluvia de estrellas Oriónidas.

Las Oriónidas producen hasta 20 meteoros por hora en su punto máximo. Es producida por los granos de polvo que dejó el cometa Halley, que se conoce y observa desde la antigüedad. Puede observarse desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre. Este año llega a su punto máximo en la noche del 21 al 22 de octubre.
La luna estará casi llena y no serán visibles algunos de los meteoros más débiles este año, pero las Oriónidas tienden a ser bastante brillantes por lo que aún podría ser un buen espectáculo. Los meteoros se irradiarán desde la constelación de Orión, pero pueden aparecer en cualquier parte del cielo.

23 de Octubre: Urano en oposición.
Urano y Luna llena en Octubre

El planeta azul verdoso estará en su punto más cercano a la Tierra y su cara estará completamente iluminada por el Sol. Será más brillante que en cualquier otra época del año y visible durante toda la noche. Este es el mejor momento para ver a Urano. Debido a su distancia, Urano solo aparecerá como un pequeño punto azul verdoso en todos los telescopios, excepto en los más potentes.

24 de Octubre: Luna llena. Esta fase ocurre a las 16:46 UTC.
Esta luna llena era conocida por las primeras tribus nativas americanas como la Luna de Full Hunters o “luna del cazador”, porque su luz se aprovecha tradicionalmente para la caza.

Fuente:https://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/calendario-astronomico-2018/17

21/9/18

LA GRAN PIRÁMIDE (II)


Las Pirámides están rodeadas de misterios y leyendas, y aún esconden secretos accesibles para el conocimiento científico.

Un grupo de investigadores de la Universidad ITMO (San Petersburgo, Rusia) confirma que bajo ciertas condiciones, la Gran Pirámide de Giza (construida por Keops) es capaz de concentrar la energía electromagnética en sus cámaras internas y bajo la base. Estas conclusiones han sido publicadas en Journal of Applied Physics.

A través de simulaciones por ordenador, los investigadores han analizado la respuesta del enorme edificio a las ondas de radio. Así han observado que, si la longitud de onda de dicha forma de energía entra en resonancia con las dimensiones de la pirámide, esta mole de piedra actúa como un canal para esta forma de radiación. Los investigadores han sugerido que estas observaciones y los modelos físicos empleados pueden servir para diseñar nanopartículas capaces de producir efectos similares en el rango visible del espectro electromagnético. Esto podría ayudar, por ejemplo, a desarrollar sensores y células solares más eficientes.

Los investigadores averiguaron que las ondas de radio con una longitud de onda de 200 a 600 metros entran en resonancia con la pirámide. A continuación, trazaron un modelo matemático para describir la respuesta del edificio y qué proporción de la energía es reflejada o absorbida por este en una situación de resonancia. Gracias a este tipo de cálculos averiguaron la distribución de la radiación electromagnética en el interior de la pirámide y observaron que se concentra en las cámaras inferiores.
Con una propagación de ondas electromagnéticas dentro de la pirámide usando distintas longitudes de onda (de 200 a 400 metros), en otra escala esto puede servir para manipular fotones -ITMO University, Laser Zentrum Hannover-

Los científicos tuvieron la idea de estudiar este fenómeno en la pirámide mientras estudiaban la interacción entre la luz y ciertas nanopartículas. Han sugerido que en ciertos casos se puede alterar la forma y el índice de refracción de estas nanopartículas para alterar su modo de distribuir la radiación (al igual que hace la pirámide). Así se puede, al menos en teoría, diseñar dispositivos que permitan controlar la luz a nanoescala, lo que tiene muchas posibles aplicaciones.
De hecho, ahora los científicos esperan usar lo aprendido en esta investigación para reproducir los efectos observados en la nanoescala. «Si escogemos un material con las propiedades electromagnéticas adecuadas, podemos obtener nanopartículas piramidales que sean muy prometedoras para ser usadas como nanosensores o células solares eficaces», ha asegurado en un comunicado Polina Kapitainova, investigadora en la Universidad de ITMO.